Criatura Mitologicas
Criatura imaginaria, ficticia, mitológica, fantástica,
fabulosa, misteriosa o legendaria son denominaciones que se dan a distintos
seres presentes en la mitología de distintas civilizaciones o en leyendas más o
menos tradicionales del folclore o la cultura popular; con independencia de su
carácter sobrenatural o no, o de la creencia en la realidad de su existencia,
que solía ser común, incluso entre las personas instruidas, en la época
anterior a la Ilustración.
Muchas criaturas míticas son híbridas, quiméricas o
teriomorfizadas: combinación de dos o más animales o con el ser humano. Pegaso,
Quetzalcoatl, Kukulkán, los distintos tipos de dragones y grifos, la esfinge y
la propia quimera reúnen partes de distintos animales; el centauro, la parte
superior de un hombre y el cuerpo de un caballo; el minotauro, el cuerpo de un
hombre y la cabeza de un toro; los sátiros, la parte superior de hombre y la
inferior de cabra; las sirenas, la parte superior de mujer y la inferior de
pez; el lamasu o kirubi, partes de distintos animales con cabeza humana. No
siempre existía la intención de entender tales combinaciones como la
yuxtaposición literal de partes de distintas especies.
Algunas se basaron en criaturas reales (animales, vegetales
o incluso razas humanas o costumbres de pueblos) percibidos como monstruos
inconcebibles por viajeros de otras culturas, cuyas confusas historias,
tergiversadas por múltiples pasos intermedios, terminaban por acuñar una nueva
especie imaginaria en los textos de la literatura clásica, en el Libro de los
millones de Marco Polo, en el Voyage autour de la Terre de Jean de Mandeville,
o en los múltiples bestiarios medievales: el cordero vegetal de Tartaria
(supuestamente un cordero que crecía atado a la tierra, que en realidad
provenía de la descripción de Cibotium barometz, un tipo de helecho),1 el
unicornio (que se construyó a través de testimonios indirectos de rinocerontes
y narvales, y del comercio de sus cuernos), las amazonas (pueblo de mujeres sin
hombres), los donestres, los cinocéfalos, los blemias o los sciápodas
(antropófagos, hombres con cabeza de perro, con la cabeza en el pecho o con un
solo y gigantesco pie).2 Por falta de vocabulario morfológico, los eruditos y
viajeros medievales intentaban describir animales inusuales mediante la
comparación punto por punto con otros que les resultaban familiares: a la jirafa
se la llamó camelopard (al compararla con la forma del camello y las manchas
del leopardo); el nombre del propio leopardo (mantenido a pesar de la
inexactitud zoológica de su etimología, que produce una fuerte confusión
taxonómica) se debe a haberlo imaginado mezcla de león (leo en latín) y pantera
(pardus en latín).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario